Mientras el Gobierno intenta mostrar “reactivación” con fórmulas mágicas, más de 1,6 millones de argentinos se lanzaron a la ruta durante el fin de semana largo. Sí, hubo movimiento, hubo fotos en la costa y hubo rutas colapsadas. Pero detrás del relato oficial aparece la verdadera postal: turistas gastando cada vez menos porque la plata no alcanza.
Según CAME, el feriado por el Día de la Soberanía dejó $355.789 millones en gasto total, aunque el consumo individual se desplomó: $91.317 por persona por día, un 3,7% menos en términos reales que en 2024. Más gente viajando, pero ajustando hasta el último peso. Un “boom” turístico sostenido más por necesidad de escaparse del agobio económico que por holgura en el bolsillo.
Los destinos más concurridos fueron los clásicos: Mar del Plata, Córdoba, Iguazú, Mendoza y las termas entrerrianas. En la Costa, La Feliz rozó el 75% de ocupación, Pinamar quedó en 66% y los autos avanzaron a paso de hormiga por la Autovía 2. La Ciudad de Buenos Aires, mientras tanto, marcó un récord del 94% de ocupación hotelera, alimentando el entusiasmo oficial.
Pero cuando se mira la otra cara, la fiesta se pincha: un informe de Ineco reveló que una familia tipo necesitó $1.156.988 para una escapada básica de tres días. Sí, casi tres cuartos del salario promedio nacional para estirar las piernas fuera de casa.
En lo que va del año, más de 11,9 millones de turistas se movieron por el país, generando cifras que el Gobierno festeja como si fueran un logro propio. Pero el trasfondo es inevitable: el turismo crece porque los argentinos buscan aire… aunque sea caro, corto y financiado en cuotas.
Una “reactivación” que vive de estadísticas optimistas mientras la realidad sigue haciendo malabares.
