En el sur de Ituzaingó hay una imagen que despierta recuerdos y curiosidad. Sobre la calle Caxaraville, a metros de la avenida Rivadavia, se levanta una antigua chimenea que forma parte del paisaje urbano y de la historia productiva de la ciudad.
Es el último vestigio de la fábrica de dulce de leche San Vicente, fundada en la década del 40 por Don Vicente Cirigliano. Durante años, esta industria fue un pilar del desarrollo local, generando trabajo y marcando una época en la que la producción barrial era sinónimo de identidad y progreso.
Vecinos y vecinas aún recuerdan cómo el aroma a dulce de leche recién hecho se esparcía por el barrio. En aquellos tiempos, no existían los grandes supermercados: las familias se acercaban con frascos de vidrio y regresaban a sus casas con dulce tibio, elaborado en el corazón de Ituzaingó.
La chimenea no solo cumplía una función técnica, sino que representaba el crecimiento industrial de la ciudad. Su altura era clave para la producción y se convirtió en un símbolo de una etapa en la que Ituzaingó crecía de la mano del trabajo local.
Hoy, aunque la fábrica ya no existe, la chimenea sigue en pie como testigo silencioso del pasado. En una ciudad que continúa avanzando con políticas municipales orientadas al desarrollo, la memoria y la puesta en valor de su identidad, esta estructura recuerda un Ituzaingó de esfuerzo, comunidad y raíces productivas que aún forman parte de su ADN.




