En un giro que el Gobierno vende como “histórico”, los bancos dejaron de financiar al Estado y empezaron a prestar más al sector privado. Para la Casa Rosada es una señal de éxito; para la economía real, apenas un respiro en medio de un parate que no afloja.
Desde diciembre de 2023, el sistema bancario cambió drásticamente su estrategia: dejó de sostener el gasto público y comenzó a redirigir fondos hacia empresas y familias. Después del apretón monetario previo a las elecciones —que paralizó el consumo y disparó las tasas— el crédito recién ahora empieza a moverse.
Los números muestran el giro: a fines del gobierno anterior, los bancos tenían el 51% de sus activos prestados al Estado. Hoy esa cifra cayó al 28%, mientras que el crédito al sector privado subió del 22% al 44%. Para Milei, es la prueba de que “el orden macro” finalmente llegó.
El Gobierno celebra este cambio como un triunfo técnico. Pero detrás del relato hay otra lectura: la banca se cansó de financiar un Estado recortado al extremo y salió a buscar clientes que generen actividad real. Las hipotecas UVA lideran el movimiento con un boom que entusiasma, pero también enciende alarmas por su riesgo a futuro.
El crédito comercial también repunta: adelantos en cuenta corriente, documentos descontados y préstamos con garantía real muestran mejoras. Aun así, la economía sigue sin señales firmes de recuperación.
Los economistas advierten que este impulso puede ser corto. Si suben las tasas o el dólar vuelve a tensionarse, menos familias y empresas podrán acceder a préstamos. El entusiasmo electoral podría evaporarse rápido.
Mientras tanto, el oficialismo muestra gráficos como trofeos y repite que el crédito “volvió”. Pero el propio Banco Central reconoce que el crecimiento llega desde niveles históricamente bajos y en un país que todavía espera la reactivación que el Gobierno promete desde hace un año.
Los primeros datos de noviembre confirman la tendencia: más crédito para privados, menos para el Estado. Un alivio para los mercados, un éxito discursivo para la Casa Rosada… y una pregunta abierta para millones de argentinos que siguen sin ver mejoras en su vida diaria.
