En la Casa Rosada, desde temprano, el Presidente y su vocero devenido en superministro, Manuel Adorni, intentaron mostrar “orden” en una gestión que cada día exhibe más grietas. La presentación de Alejandra Monteoliva y Carlos Presti como futuros ministros, lejos de transmitir fortaleza, dejó al descubierto la tensión creciente entre los libertarios y su propio equipo.
Adorni encabezó su primera reunión formal de Gabinete, una cumbre que duró menos de dos horas y que el Gobierno vendió como el inicio de una “nueva etapa”. Pero detrás de las sonrisas forzadas y los abrazos para las cámaras, varios funcionarios admitieron el malestar que generó la palabra prohibida: “auditoría”, el mecanismo con el que Adorni controlará cada movimiento de los ministros, como si la Casa Rosada desconfiara de su propia tropa.
Con Milei asistiendo en silencio –para algunos, como respaldo; para otros, como advertencia–, se repasaron los proyectos que el Ejecutivo quiere llevar a las sesiones extraordinarias. Pero las dudas siguen: el documento final aún no está listo y las disputas internas traban lo que debería ser un plan claro.
Mientras tanto, el Consejo de Mayo tuvo su última reunión antes del recambio legislativo y confirmó lo que se sospechaba: reforma previsional y coparticipación quedarán afuera, pese a que el Gobierno las había prometido. Otra muestra del desorden que reina en Balcarce 50.
En paralelo, el Ejecutivo apura definiciones técnicas, pero entre filtraciones, internas y falta de coordinación, el relanzamiento del Gobierno se parece más a un intento desesperado por recuperar control que a un verdadero plan de gestión.

